La IA no existe.

La IA no existe

Cuando Mari Pepa llegó a vivir a la corrala Atenedoro quedó encandilado y dejó de lado a su novia formal, razón por la que Felipe le recrimina: 

¿Vas a encontrar, aunque busques

con un aparato “elétrico”,

la finura de remos que tié tu novia,

ni mata como su mata de pelo?

En 1897, año en el que se ambienta la zarzuela, la electricidad, incorporada de a poco a la industria, de uso obligado en los teatros y presente ya en el alumbrado de algunas calles, era aún ajena al pueblo llano, de modo que Felipe, castizo pero consciente de los avances su época, hace uso del concepto atribuyéndole poderes extraordinarios que le supone.

En la práctica, pocas veces los nuevos inventos van precedidos de una didáctica que los haga comprensibles a la plebe. El marketing jamás tuvo vocación de docente, al contrario, parecería convenirle que las novedades rocen el orden de lo sagrado a sabiendas de que la capacidad de seducción de los publicistas obliga tanto al vulgo como a los ilustrados a comprar.  Sucederá  cuando, avanzada la segunda mitad del siguiente siglo, irrumpa el adjetivo “electrónico” y valiéndose de eslóganes del tipo, “con sólo apretar un botón” convierta en altamirianos a los ingenios simplemente “eléctricos”.

Pocas décadas más tarde, quizá fuese la malsonancia del término “computadora” lo que obligó a sus padrinos a rebautizarlas en España. Cierto es que “ordenador” no era un sustantivo menos abstracto, pero su vaguedad no fue un obstáculo. La “informática”, palabra más inconcreta si cabe, enseguida útil para la administración, tardaría algo más en manifestar sus practicidad al ciudadano común, atrapado por promesas tan fabulosas como que en breve el ordenador te haría la compra o te subiría y bajaría las persianas, obviándose los agentes mecánicos imprescindibles para ello. Quienes habíamos crecido con “los Supersónicos” de Hanna-Barbera esperamos en vano que de la computadora saliesen unos brazos.

Nos quedaba aún mucho por ver. Con el siglo XX en su lecho de muerte y de nuevo sin previa pedagogía el mundo pasó a ser “digital”. Con un par, nunca mejor dicho. Según se le informó al individuo, ser analógico era ser defectuoso en esencia. Lo serían de ahí en adelante los discos de Gardel, las fotografías de Kappa, el reloj de la Puerta del Sol y las tres horas y pico de “Lo que el viento se llevó”. Lejos de ofendernos, agradecimos el esfuerzo a los medios que en grandes campañas glosaron las ventajas de la digitalización.  Así, Telefónica nos aseguró que era un adelanto irreversible el que para llamar a casa de nuestra tía Chon, que vivía dos calles más abajo, tuviésemos  que añadir tres números a los seis que antes marcábamos. Únicamente los muy cerriles no sabrían valorar la ventaja de que para telefonear a Tomelloso ya no iba a ser necesario conocer antes el prefijo de Ciudad Real, y todo merced a la tecnología digital.

Obnubilados aún, concluimos el siglo y estrenamos el corriente sin sospechar que el mayor quizá de los neologismos nos esperaba agazapado.

La expresión “inteligencia artificial” es nacida de la cópula de dos palabras viejas que ni se quieren ni se desean. Semejantes a un matrimonio del Opus, follan sólo para procrear. Tiene poco o nada que ver con la belleza plástica de HAL 9000, aunque millones de cuñados corroboren que Kubrick fue un adelantado. Será en lo único que Kubrick acertó de su puta película.

De momento, los mejores comunicadores del orbe echan mano del invento, apabullándonos, pero dado que la mayoría de ellos sobrevuelan apenas su definición, dejando al potencial usuario en un océano de dudas, a falta de mejores descripciones un servidor lo intentará resumir para quien ose leerme en dos frases cortas:

La IA no existe. La IA somos nosotros.

La IA es lo mismo que IKEA, donde el propio cliente es quien se informa de las bondades de la estantería VÄLJUM, quien la busca en el almacén, se hernia subiéndola a un carro, la empuja hasta las cajas para pagarla, se dirige después al parquin a fin de cargarla en el coche, viéndose para ello en la obligación de desnudar a su suegra y a sus tres hijos y untarlos de jabón. Finalmente, por fin en casa, es igualmente la clienta o cliente quien desembala el artículo, destrozando en el forcejeo la pecera y un payaso de cerámica recuerdo de Valencia, para a continuación montar el mueble sin más auxilio que los tres tubos de Flogoprofen que necesitará en los días sucesivos.

Nosotros le dijimos a la IA qué cosa es una reclamación previa y en qué términos debía dirigirse a un presidente, bien de comunidad autónoma, bien de la APA de Salesianos. Fuimos nosotros quienes le conjugamos el verbo “posponer” en catalán, turco y bable. Gracias a nuestra gestión la IA tuvo acceso al fichero de socios de la Real, por lo que sin nuestra participación no sería capaz de calcular qué porcentaje de donostiarras son alopécicos y realizar un estudio de mercado para una firma de chapelas.

Igualmente, de no haberla asesorado antes la IA sería incapaz de confeccionar un powerpoint con el proceso de fabricación de una ensaimada e ilustrarlo con las fotos de la cala de Mallorca que subió a las redes una pava para contarle a sus amigas dónde se zumbó al neerlandés. Y ya que estamos, de no ser por la sexóloga argentina que compartió el esquema de su propia vagina, la IA no tendría puñetera idea de cómo realizar un cunnilingus. Y ni aun así lo sabe.

En otro orden, fuimos también quienes en páginas sobre legislación linkamos a todas las sentencias habidas en los últimos sesenta años por cerramientos ilegales de balcones. Nosotros fuimos los que recitamos los versos de Gamoneda en un portal de Internet, quienes transcribimos letra a letra el Estatuto de Gernika, los libros de instrucciones de las roomba y las tórridas cartas de la Pardo Bazán a Pérez Galdós, del mismo modo que en una web de viajes pormenorizamos los kilometrajes por carretera que separan a las veintiún provincias de Mongolia, datos de los que ahora la IA se vale para crear una Excel que facilite su trabajo a un importador de lo que recojones produzca Mongolia.

Sin la información por nosotros aportada, la IA siquiera sabría que el perro de San Roque no tiene rabo. 

Tal vez dentro de alguna década, aprovechando la simpleza de un puñado de mediocres que queriendo o sin querer se lo cuenten todo a cambio de una palmadita en las nalgas, la IA nos consiga robar los millones de ideas que hemos ido acumulando, desde el rojo de las columnas de Cnosos  al Chanel rosa de Jackie Kennedy pasando por los zapatos granates de Tony Manero.

Únicamente así el engendro asimilaría una pequeña parte de los formalismos, prejuicios, ironías y maldades que nos convierten en humanos. Sólo entonces, y para eso, repito, falta mucho, la IA se aproximaría, siempre de lejos, a la capacidad de creación del más imbécil de nosotros.

Historia de Europa con final inventado. (1945-2022)

Historia de Europa con final inventado
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Seré sincero; en mi opinión Hitler no fue una buena persona. Lamento si expresándolo de forma tan directa molesto a sus familiares y amigos, y tendrá razón, no lo niego, quien diga que si me muestro tan severo es  porque  jamás tuve vínculos afectivos con él, pero veo lógico, comprensible, el que al enterarse de que se había pegado un tiro en la cabeza, sus contemporáneos afirmasen que comenzaba una nueva y mejor etapa de la Historia.

Uno de esos contemporáneos era Stalin, ente supremo de la Unión Soviética, donde la ciudadanía carecía del derecho a la propiedad privada, del que sí disfrutaban los españoles, a los que su gobierno no ponía trabas para que adquiriesen su par de alpargatas. Además, en la URSS ni se celebraban elecciones ni existía libertad de prensa. En España tampoco, pero no nos dispersemos.

En 1949 y ante la posibilidad de sufrir una agresión por parte del bloque comunista, una docena de países bañados por el Atlántico Norte se aliaron formando la NATO, una estructura militar en la que los estados aunarían esfuerzos para impedir ser invadidos por Rusia.

Por su parte en 1955, una vez que a Stalin le dio su jamacuco, la Unión Soviética se reunió en Varsovia con media docena de sus afines y limítrofes para firmar un tratado de “Amistad, Colaboración y Asistencia”. La eficacia del “Pacto de Varsovia” quedó patente en la visita que al año siguiente sus tropas hicieron a Hungría para disuadir a los disconformes.

Al otro lado del Globo, habiendo comprobado los Estados Unidos lo provechosas que les eran las guerras lejos de casa, abundando en esa práctica repartieron numerosas bases militares por su amiga Europa, muy poco experimentada en conflictos bélicos y por ende agradecida ante el asesoramiento norteamericano. Adiestrar a sus torpes aliados  era la única opción de los EEUU a la vista de aquellos pepinacos de cohetes tumbados sobre un camión y rotulados como CCCP que desfilaban por la plaza Roja de Moscú ante un hilera de capitostes del Kremlin que con un gorro de piel encasquetado hasta las cejas amagaban apretar un botoncito con el que podían hacer desaparecer en cinco segundos ciudades del tamaño de Calatayud o Ejea, aunque ésta segunda, por supuesto, les llevaría un poco más de tiempo. Cierto es que botones semejantes podían apretarlos Nixon, Ford, Carter o Reagan, pero no obviemos que los soviéticos, por si todo lo anterior no fuese suficiente, eran ateos. De ahí que en 1978 el Espíritu Santo considerase inaplazable inspirar al Cónclave para que eligiese un Papa polaco, anticomunista de pro y futuro santo.

Volviendo a la NATO, el agravio cometido en su día no contando sus fundadores con España fue remediado en 1982 gracias a las gestiones del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo. De mil amores fuimos aceptados en la Alianza, aunque con la férrea oposición del PSOE de Felipe González, quien llegado a la presidencia rectificó y dijo que sí, que era mejor que siguiésemos dentro, pero que mucho ojo, que aquí la llamaríamos OTAN, se pusiesen como se pusiesen. Por otro lado, puesto que  en lo de la militaría ya éramos iguales, las bases americanas de España dejarían de ser “bases americanas” para ser “bases de utilización conjunta”, aunque puestas a disposición de los EEUU para que hiciesen uso de ellas si les fuese menester. Siempre y cuando —esto se les dejó muy claro— antes avisasen al Gobierno Español. Con una llamadica, aunque fuese, que no cuesta nada.

Mientras todo esto sucedía, a la URSS la Historia le ponía las cosas cuesta arriba. En 1986 el accidente de una central nuclear en Ucrania esparció radiactividad como garbanzos cuando estalla una olla exprés. Al poco, los obreros polacos repudiaron la hoz y el martillo valiéndose de ahí en adelante de crucifijos para reivindicar sus derechos, y no habían pasado dos años cuando un camión de reparto de cervezas se estampó contra el muro de Berlín echándolo abajo. En 1991 todas estas las circunstancias llevaron a
una facción de reticentes a intentar derrocar el presidente Gorvachov con un golpe militar, que Boris Yeltsin abortó. El Ejército Rojo apoyó a su presidente y como consecuencia el Partido Comunista de la Unión Soviética fue ilegalizado.

¿Cómo dice?

¿… …?

Le pregunto qué es lo último que ha dicho

¿Pero quién coño es usted?

Nadie, uno que estaba leyendo. Me ha parecido entender que ha dicho que fue ilegalizado el Partido Comunista de la Unión Soviética. Y no lo entiendo.

¿Qué es lo que no entiende?

¿Cómo pudieron convertir en ilegal el eje fundacional de la mismísima URSS?

Yo tampoco lo sé, pero el PCUS, según se decía la organización con el aparato más cabronazo del Planeta y provista de la peor policía política, abandonó el poder sin propiciar una guerra civil ni otros berrinches. Si en el Vaticano se dejase fuera de la ley al Colegio Cardenalicio colgarían nuncios destripados de las  almenas del  Passetto. La URSS por el contrario se derrumbó sin hacer uso de sus mikoyanes ni echar mano de los cientos de miles de soldados con botas altas. Siquiera de sus bellas soldadas rubias con rodetes y moñas rojas que podían cantar “Kalinka” hasta desesperarte.La Unión Soviética se deshizo como un polvorón de la Estepa (chiste) y dejó de apuntar con sus misiles balísticos a los puntos clave de nuestra civilización; la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, la de Begoña, la de Covadonga y la de la Esperanza Macarena. Sin más contratiempos que tener que levantar todas las estatuas de Lenin con una grúa y llevarlas a un descampado. La disolución satisfizo a los países de Occidente, que no pusieron objeciones a que los mismos capitostes que hasta la semana anterior estaban forrando a hostias a los disidentes compusiesen el gobierno de nueva la Federación, la cual tuvo entre sus prioridades correr a desenterrar a la familia Imperial para hacerla santa. Pero siquiera los rezos a los Romanov evitaron el que entre 1990 y 1991 quince de las antiguas repúblicas, Ucrania entre ellas, se independizasen del antiguo bloque para convertirse en impecables sociedades más demócratas y liberales que una familia de suecos en pelotas fumando porros.

Como es obvio, ello supuso la desaparición del Pacto de Varsovia tras décadas en las que por culpa de su amenaza Europa se había visto forzada a gastar en armas y ejércitos millones de libras, marcos, francos, liras y pesetas. La OTAN no tenía ya razón de ser. Neutralizado el peligro soviético cada país componente podría retomar la práctica de gestionar su propia defensa en función de sus particulares amenazas. En lo que respecta a España, y si obviamos a Mohamed VI, la única podía provenir del copríncipe de Andorra, y dado que la Península seguía en el mismo punto en el que la había depositado la deriva continental, un tanque ruso que pretendiese ocupar Segovia debería recorrer 4000 kilómetros atravesando una decena de países.

Pero la OTAN no desapareció. Al contrario, Rusia, anémica y sola, en bragas en medio de la nieve, padecía una depresión anakareniniana, bajón que la Alianza Atlántica aprovechó para expandirse por las antiguas repúblicas socialistas, incumpliendo (entre otras cosas)  lo pactado entre las dos alemanias y la URSS en vísperas de la reunificación.

Por cierto, el Papa polaco murió en 2005 sin haber pisado Rusia.

Así las cosas, a punto de finiquitar el XX accedió al cargo de primer ministro ruso un individuo sospechoso con poco pelo y menos escrúpulos que al año llegaría a presidente y se agarraría al poder como un gato a las cortinas del Hermitage. Putin envenenó opositores, ocupó Crimea, puteó a los homosexuales y desterró a Siberia a las Pussy Riot sin que Europa mostrase un excesivo quebranto. Bendecido por patriarcas ortodoxos con Rolex de oro el viejo imperio respondió a los tratamientos vitamínicos y las chicas moscovitas dejaron de parecerse a aquellas muñecas Nancy de la tómbola para convertirse en Barbies Gold Label. Inditex tuvo algo que ver en ello. 

En esa coyuntura llegamos a marzo de 2022

Enterado Putin de que su hermana Ucrania y los EEUU estaban coqueteando como Sandy y Danny Suko, en evitación de una posible cópula ordenó a sus ejércitos sobrepasar la frontera al grito de “antes te mato
que verte con un payo”.

A los más de entre nosotros nos enseñaron a que cuando dos se estén peleando intentemos separarlos, mas lejos de hacer eso la UE tomó partido y ayudó al más bajito, presuponiéndole, por ser bajito, mayor bondad. No sólo le dotó de armas sino que los gobiernos de la Unión se emspestiñaron en llevar a Rusia a la  ruina. De nuevo se dejaron aconsejar por los EEUU, y aunque la ruptura con Rusia abocaba a millones de centroeuropeos a tener  que  ducharse con agua fría por el resto de sus vidas, el amable abuelo americano entonces presidente envió a los puertos del Atlántico miles de buques cisterna llenos de gas licuado. Los butaneros llevaban toda la vida rompiéndose la espalda cuando podrían haber repartido en tetrabrik. Las travesías, por cierto, se realizaron emulando a los vikingos, a vela y remo para no contaminar.

La situación de Europa, rayana a la irracionalidad, llevó a finales de abril de 2022 a que las  mentes más destacadas de la cultura occidental creasen crear una plataforma internacional nutrida con filósofos, músicos, artistas, científicos, escritores, actores, deportistas y periodistas. Teniendo por objetivo contrarrestar los fatales designios de Moscú, Washington y Bruselas, a lo largo de aquellos días varios premios nobel fueron detenidos por realizar escraches ante las principales sedes del poder político. A nivel de medios, en España destacaron por su compromiso Antena 3, La Sexta, El País, El Mundo, Público y la casi totalidad de los periodistas asociados a RTVE. Todos los programas de máxima audiencia; Griso, Motos, Mendizábal, Sálvame, Corazón, y hasta Pasapalabra y Cuarto Milenio, incluyeron en sus contenidos alegatos en favor de la paz y en contra del gasto militar.Hasta que en los primeros días del siguiente mes y como consecuencia de todo ello, una veintena de jefes de gobierno europeos se reunieron en Kiev. Por su parte Rusia, tras suspender de forma inmediata los ataques acudió igualmente a la conferencia. Incluso el Papa Francisco fue invitado a participar.

Al cabo de sólo dos jornadas de conversaciones fue firmado el definitivo acuerdo de paz. El desencuentro le había costado la vida, la casa y las infraestructuras a miles de ucranianos. Y al resto de los europeos un empacho de manipulación y maniqueísmo, viniendo a ser la guerra de Ucrania un punto de inflexión para aquellas sociedades en las que habían nacido la escritura, la democracia, los parlamentos, los derechos humanos, el pensamiento crítico, la Cruz Roja, Darwin, las repúblicas, las pinacotecas, el feminismo, la máquina de vapor, el modernismo, la minifalda, los rayos X, los Rolling, el barroco, el teatro clásico, el cubismo, el fútbol y el sexo oral.

Los millones de ciudadanos y ciudadanas de todo el continente se convencieron al fin de que Flavio Vegecio fue un imbécil. Su máxima, Si vis pacem, para bellum, fue declarada la mayor incongruencia jamás dicha y escrita por la humanidad.

La Alianza Atlántica quedó disuelta el día 9 de mayo de 2022. Desde entonces las cantidades antes invertidas en armamentos han servido a los estados para mejorar la Educación Primaria y garantizar la
gratuidad de la superior, para crear una inmensa red de amplias y bien atendidas residencias para mayores, para el fomento de la investigación, el cuidado de las artes y el desarrollo de unos sistemas de sanidad estatales capaces de asumir cualquier pandemia.   

Casualmente, el 14 del mismo mes España ganó el Festival de Eurovisión, decidiéndose que la canción de Chanel sustituyese como himno de Europa a la 9ª Sinfonía, pues durante la contienda los descendientes de Beethoven habían demandado a la UE por utilizar la música de su antepasado de forma indigna.

En julio de 2023 el presidente del Gobierno Español, Pedro Sánchez, asumió su turno en la presidencia de la Unión Europea, la primera tras el abandono definitivo del belicismo. Un acto realmente emocionante que quedó grabado en la memoria de varias generaciones. Los medios de todo el mundo recogieron a Úrsula von der Leyen cantando.

«Yo vuelvo loquito’ a todos los daddies apenas hago doom, doom con mi boom, boom»

FI N

PROFILAXIS

profilaxis

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Auto-prólogo.—

Negar que existe un virus que antes no existía —se supone— y que ocasiona a la salud daños mayores que  los comúnmente padecidos, es de idiotas.

Pero también lo es llamar “negacionista” a cualquiera que ponga una mínima objeción a lo oficialmente asumido, a las medidas tomadas y a la absurda tendencia a concentrar todos los males de la humanidad en él y en la remota posibilidad de contraerlo y morir.

Dedico pues el escrito que prosigue a todos aquellos expertos, directores, responsables, jefes y tertuliano-periodistas que desde preciosos despachos y platós, inscritos en corporaciones de carácter estatal o privado y percibiendo cantidades muy superiores a las que percibe el ciudadano medio, amparados en una “esencialidad” que les garantiza el que en ningún caso verán limitados sus movimientos, piden ahora mi confinamiento domiciliario.

………………………..

PR O F I L A X I S.—

Todos los vecinos del rellano (o quienes sean esos entes con los que a veces coincido) pulsamos el mismo botón para llamar al ascensor. Y una vez en la cabina, el mismo también para bajar. El Sr Schindler fue muy bueno con los judíos pero torpe fabricando ascensores.

Si me dirijo al parquin sucede algo similar. En ese caso habré de traspasar una puerta cortafuegos cuya apertura requiere el auxilio de un levantador de piedra de Arreguimendi. Y dado que el cierre centralizado de mi coche falla como un delantero zaragocista, es habitual que termine abriendo el vehículo girando la llave.

Sin dejar de hablar del coche, ayer estacioné en una calle bastante transitada. Se apoyó en él un empleado de FOCSA, el repartidor de AMBAR y la vigilanta que me multó por los dos minutos de exceso. A los que debo añadir a una treintena de alumnos del IES Álvaro de Marichalar, destacando entre ellos el Iván y la Rebe, quienes a la vista de las marcas dejadas en el capó debieron de copular frenéticamente sobre él sobre de tres a cuatro veces.

Es cabal el que yo asuma, por ser éste de mi propiedad, los niveles de contaminación del vehículo. Ahora bien, sin ser mía la maquineta del parquímetro a diario me llevo medio kilo de los microorganismos a ella pegados al manipularla para introducir las monedas, que suelen ser las que me devuelve la panadera que me vende la palmera de coco. Desconozco quién con anterioridad le ha rallado el coco a la mujer.

Ya en la oficina el protocolo exige que firme en una lista con el bolígrafo que el empleado de seguridad  mantiene atado de un cordel. Lleva publicidad del club de carretera “Agatha Vicious” y está mordido, ignoro en qué circunstancias.

Tras otro ascensor y un par más de botones y puertas, llego al fin a mi espacio de trabajo. Mi primera actividad consiste en localizar una silla, ya que en el contrato de la limpiadora figura la obligación de llevarse la mía cada noche al extremo opuesto del edificio. Obtenido ya un asiento —sólo hay una posibilidad entre veinte de que sea el de Ledesma, recientemente de baja por sífilis—, si dispongo de unos minutos puedo tomar un café de la máquina. Su mantenimiento lo realiza semanalmente señor con patillas, uñas largas y mostacho que siempre viste un chándal de la Legión y botas camperas con la punta de hierro. Es él quien posibilita el que la máquina erogue un extracto oloroso y de color marrón, surtiéndonos además de azúcar, chocolate y vasitos. En cierta ocasión le pregunté por el proveedor de dichos productos, y no quedaba lejos, en cierta región de Turquía. También acostumbro a extraer de la máquina un botellín de agua “Vall de les Espardenyes”, manantial ubicado en la provincia de Gerona cuya planta embotelladora por razones de logística se halla próxima a Cuzco.

Respecto a mi trabajo, consiste en manipular cientos de folios, cartulinas, cartoncitos y carnés de procedencia diversa que en algún momento del pasado siglo pertenecieron a personas vivas y es frecuente que posean improntas de líquidos y geles; sangre, bebidas espirituosas, leche materna y otros flujos, así como trazas de las diversas cocinas autóctonas.

Puesto que en algún caso este material antes de ser procesado exige un duplicado, al menos un par de veces al día la multicopista se queda sin papel. Entonces se ha de dirigir uno al almacén, que se halla al extremo de un pasillo decorado con posters de la basílica de Covadonga. La llave del almacén acostumbramos a dejarla bajo el poto de Angelines (se trata de una planta). Una vez en su interior (en el del almacén) alcanzar el stock de folios implica apartar cajas contenedoras de artículos variados otrora trabajados por la empresa; bustos de yeso de …., catálogos de lencería de la firma “Dña Carmen Polo” o discos regalo de una marca de pacharán con jotas navarras interpretadas por la Royal Philharmonic.

Previendo el que te toque abrir un envío nuevo de papel dejamos a mano un cúter del que se podrían obtener muestras de sangre de toda la plantilla, no sólo de la actual sino de la correspondiente al año 1971,  cuando la empresa inició su actividad. Dado que el pedido en su día fue envuelto en plásticos por un eficiente operario de la planta de celulosa de Pongliang, en la región de Zansú, es frecuente que procedentes de las orillas del Yang Tsé entre el embalaje aparezcan larvas y huevos de reptiles jamás vistos en Europa. 

Otro detalle desagradable, una vez cerrado el almacén, es tener que sujetar la oxidada llavecita con la  boca al regresar cargados con los folios. Sé de un par de compañeras voluptuosas que se meten la llave en el escote. Lo malo es que se les olvida y cuando van a hacer pis se les cae dentro del inodoro.

Hablando de ese tema, los escáneres de los que nos valemos han de ser reconfigurados continuamente, no pudiéndose evitar el que en el teclado digital aparezca una ligera capa de grasa humana que Ramírez Puig, un compañero amabilísimo, limpia con saliva. De no hallarse él presente (por desgracia posee una salud muy delicada) nos valemos de un trocito de papel higiénico. 

Jacinto es el encargado de que no falten los rollos en los dispensadores del lavabo. El papel higiénico que gastamos es de una popular marca bielorrusa que exporta excedentes de la época soviética. En el logotipo sale Yuri Gagarin defecando en órbita. Jacinto es el responsable de todas las cosas que giran; los pomos de las puertas, las llaves, el microondas, el reloj de pared, los lectores de CD, y desde que hizo un cursillo on-line, también del desfibrilador, aunque no lo entiende bien porque no gira.

Quede claro que no pretendo con esta descripción dejar en mal lugar a la organización para la que  trabajo. A la que no considero una excepción. Sé que habrá quien sugiera que esta serie de pequeños riesgos para la salud se neutralizarían si cada uno de los objetos que cito fuese desinfectado tras su uso. Sin embargo el desfase en tiempos que ello implicaría sería inasumible por la empresa. Y es aquí cuando es preciso recordar a los pijos, tanto a los de derechas como a los de izquierdas, que la dinámica de la mayoría de las pequeñas empresas españolas difiere mucho de las de otras un poco mayores, como lo son la ONU, la NASA, el Excelentísimo Ayuntamiento o el Ministerio de Justicia.

En referencia a aquellos compañeros que recurren a diario al transporte público, obvio enumerar la lista de inevitables contactos físicos inherentes a su uso. Los buses urbanos no poseen la capacidad del Costa Concordia y es irremediable el que los pasajeros no sólo se toquen sino que se froten o casi se fagociten. 

Como método rápido de desinfección la práctica del nudismo ayudaría. Pero no nos apresuremos a apostar  por tal sistema movidos por su aparente atractivo. Éste se reduciría a un escaso 10% de la población activa y jamás compensaría el trauma provocado por la contemplación del 90% restante.

nada que no haya pasado antes.

Episodio de la Fiebre Amarilla en Buenos Aires. Juan Manuel Blanes. 1871.

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«Nihil sub sole novum. Si de quadam re dicitur: “Ecce hoc novum est”, iam enim praecessit in saeculis, quae fuerunt ante nos» (Eclesiastés 1:9. Nova Vulgata)

«…No hay nada nuevo bajo el sol. Si algún listo te dice: «¡Mira có, que esto no lo conoces!» , tú respóndele «¡Eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron, gilipollas!«» (traducción libre)

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Será porque desde su primera comunión jamás habían vuelto a vivir nada intenso, que algunos parecen satisfechos ante esta experiencia histórica y jodida. Emiten grititos de horror alternados con espasmos de placer siguiendo las pautas sugeridas por la tele. Posiblemente sintiéndose protagonistas de «algo» por una vez, los más inofensivos se creen Will Smith, pero otros peores comparten en las redes sentencias que dejarían descolocado a Paulo Coelho, publican emoticonos llorando ante las noticias que hablan de ataúdes y auguran el fin de nuestro tiempo con una campanita, como el microondas.

Lo que nos sucede es grave —a la vista está— y tendrá terribles consecuencias, sobre todo para los peor posicionados en la “pole». La crisis del COVID 19 nos hará perder la vida a unos y la fe a todos los demás. No éramos buena gente, es cierto, pero nos merecíamos un poco más de margen.

Pero aun así, al menos de momento, la del coronavirus no es comparable con otras epidemias y dramas sufridos por quienes nos precedieron. A más de uno su bisabuela le daría dos cachetes —y su bisabuelo directamente dos hostias— por atreverse a comparar el “sufrimiento” de verse confinado, sin cañas y sin fútbol, con el cólera de 1856, la gripe del 1918, las muchas hambrunas del pasado siglo o nuestra mismísima Guerra Civil.

Pensando en ellos es que he descargado el jpeg más grande que he encontrado del cuadro de Juan Manuel Blanes, para pegarlo aquí.

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Los hechos:

Parte policial que el Comisario Lisandro Suarez, correspondiente a la Seccional 14 de la ciudad de Buenos Aires, entrega a su jefe Enrique O´Gorman:

«Marzo 17 de 1871. Al Sr. Jefe de Policía: A la una de la madrugada de hoy, el sereno de la manzana 72, Manuel Dominguez, notó que la puerta de la calle Balcarce número 384 estaba abierta. En cumplimiento de su deber llamó y visto que no se le contestaba entró y encontró a una mujer muerta, con una criatura de pecho mamándole. Entonces éste recogió al niño y pasó palabra al ayudante, Don Jose María Saenz Peña, quién remitió al niño a ese departamento. En la mañana de hoy, el que firma fue a la indicada casa y encontró el cadáver tirado en el suelo, encima de un colchon. Según los informes que he podido conseguir esta mujer fue traída ayer en un carro a la citada casa. Dicen que se llama Ana Bristiani, italiana y que tiene su marido enfermo en la Boca del Riachuelo, pero que no saben donde. La casa en que ha fallecido esta mujer se halla abandonada, por tanto, tan pronto como se saque el cadáver, cerraré la puerta hasta tanto se presente el marido de ésta, para ponerlo en posesión de algunas cosas que hay, si bien de poco valor»

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La fiebre amarilla:

En 1869 Buenos Aires contaba con 177.787 habitantes. A pesar del respeto a su trazado fundacional, en dámero, había crecido de forma improvisada con el incremento de habitantes de las últimas décadas del XIX, siendo casi 90.000 los recién llegados (45.000 italianos y 14.000 españoles). Entre otras deficiencias no existía un sistema de abastecimiento de aguas salvo una tubería destinada en principio al enfriamiento de las locomotoras. La mayoría de la población se servía de pozos, y dado que también se carecía de una red de cloacas, en la capa freática los desechos vertidos contaminaban las napas.

En enero de 1871, allá pleno verano, tres personas fallecieron con idénticos síntomas en dos manzanas próximas entre sí del barrio de San Telmo. El día 7 de abril, a la sazón Viernes Santo, fallecieron en la capital 380 personas. El Sábado de Gloria los muertos fueron 430. Dos días después se alcanzó el pico de 563. En un alarde de insensibilidad burguesa el presidente Juan Domingo Sarmiento, junto a un grupo selecto de políticos, miembros de familias acomodadas y otros diversos hijos de la gran puta, abandonaron la ciudad en un tren preparado especialmente para ellos.

Al margen de las viviendas unifamiliares del centro y de las infraviviendas de los suburbios, gran parte de la población habitaba en conventillos, edificios con habitaciones abiertas a un patio común. Conforme el número de inmigrantes crecía las habitaciones se subdividían y realquilaban una y otra vez. Ni qué decir tiene que con escasas medidas higiénicas.

Deduciendo que los conventillos eran los principales focos de contagio las autoridades sanitarias se dispusieron a desalojarlos. Obviamente por la fuerza, en vista de que sus habitantes se mostraban reticentes a salir, conocedores de que lo único que poseían, ropas y enseres, serían quemados de inmediato. Sin embargo esos mismos responsables médicos eran conscientes de que las muertes también se producían en otros sectores de la ciudad, en especial en los arrabales próximos a la desembocadura del arroyo Riachuelo (La Boca), responsabilizando en este caso a sus aguas por estar muy contaminadas.

Y es que si bien las principales razones del contagio estaban en las malas condiciones habitacionales y en la ausencia de infraestructuras sanitarias, no fueron las aguas y la suciedad las que originaron la epidemia.

Diez años más tarde el cubano Finlay y Barrés descubrió que el agente de la «fiebre amarilla» era un mosquito, el «aedes aegypti», una especie originaria de África que por entonces había colonizado algunas zonas de Brasil. Los barcos que traían pasajeros y mercancías de Europa solían recalar en Río de Janeiro antes de llegar al puerto de Buenos Aires.

A día de hoy la OMS asegura que el cabrón del «aedes aegypti» sigue matando a 25.000 personas cada año. Pocas de ellas son blancas, rubias y poseen Master Card, razón por la cual la mayoría de nosotros desconocemos el dato.

……………

El cuadro:

El artista Juan Manuel Blanes, uruguayo residente entonces en Argentina, recrea esta escena tomándose alguna licencia, como situar en ella a dos de los prohombres urbanos más implicados en la tragedia; el abogado Roque Pérez, quitándose el sombrero, y el doctor Manuel Argerich, con él en la mano. Ambos contagiados y fallecidos en los días posteriores al suceso relatado.

Tras descartar un boceto bastante más indigerible Blanes prefirió omitir el detalle del niño mamando de la madre muerta, a la que a pesar de la enfermedad reprodujo joven y bella. Emociona ver la taza y la cuchara junto al cuerpo, indicando que la mujer se había desplomado mientras ofrecía algún remedio a su marido, si bien es cierto que el cuerpo de éste, que en el cuadro yace sobre una cama entre las sombras, es otra de las licencias del autor, ya que en realidad nunca fue encontrado. Los ojos clarísimos del chaval, que en la narración pictórica parece ser quien halló el cadáver, son un indicativo de la pluralidad racial de la ciudad emergente.

El lienzo estuvo exhibido en el teatro Colón de Buenos Aires a finales de ese mismo año. No teniendo acceso a su exposición mas que una selecta nómina de bonaerenses. Desconozco la razón por la que cuando Juan Manuel Blanes regresó al Uruguay lo hizo llevándose su cuadro, que hoy pertenece a la colección del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, a pesar de haber existido alguna reclamación desde Argentina.

fachavirus que atacan a la Humanidad.

Coronafacha

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Si los visigodos no la hubiesen quemado conservaría mi biblioteca y podría buscar al filósofo que dijo que el fascismo ya era una tendencia latente en la masa desde las cavernas, mucho antes del tragaldabas de Mussolini

La cita tal vez sea una gilipollez (me la acabo de inventar, así que ha de serlo), no obstante sería agradable pensar que la maldad acostumbra a residir en un selecto grupo de canallas porque ello nos dejaría al resto de la humanidad fuera de sospecha. Si de vez en cuando nos comportamos como unos fachas de mierda es debido a las circunstancias, pero como género somos en esencia majos.

Lo que sucede es que cuando sentimos miedo nuestra capacidad de racionalizar —esa lograda con el esfuerzo de milenios— deja de ser vital y pasa a ser un gadget. Con el susto en el cuerpo necesitamos de un poder divino o humano que nos proporcione un dogma. Pero que a poder ser sea un dogma “cortito”, de pocas páginas y con muchas estampas, que no nos obligue a dedicarle tiempo a su estudio y comprensión. Con que nos marque las pautas basta y sobra. De ahí en adelante, dependiendo de la intensidad del cangüelo, las segundas opiniones llegarán a ser calificadas como peligrosas y Descartes se convertirá en un subversivo.

No hay mas que ver las pelis de catástrofes. En ellas sólo hay un líder. El resto se salva haciendo todo lo que él dice. Si les persigue un tiranosaurio él grita “¡corred!”, y los otros corren. Si les atacan con rayos los alienígenas ordena “¡Poneos a cubierto!” y todos le obedecen. Menos un cabrón —que suele ser calvo y feo— que le lleva la contraria y pagará con la vida la desfachatez de tener un criterio propio. No sólo eso, es muy posible que en lo que queda de peli su señora le ponga los cuernos con el héroe.

Lo jodido es cuando las pautas marcadas por ese líder suponen una pérdida en tu calidad de vida. Llegado ese punto tal vez dudes, pero si eres un correcto cobarde dudarás en silencio a la espera de que alguien dude en voz alta. Entonces el fascismo acudirá en tu rescate y la duda que te atormentaba se disipará cuando seas testigo de cómo la población cuelga de un pino al disidente que tuvo la osadía de preguntar eso mismo que tú te estabas preguntando.

Por norma general —entiéndase bien este concepto— el COVID 19 parece ser muy o bastante letal para aquella parte de la población que padece dificultades respiratorias, sean debidas a la avanzada edad o a patologías particulares.

Por norma general —entiéndase bien este concepto— en el resto de la población el COVID 19 parece ser que provoca síntomas similares a una gripe de caballo que remite tras unas semanas muy incómodas y desagradables.

Es como una avispa, que si me pica a mí me duele mogollón pero si pica a un alérgico puede dejarlo en coma.

El Gobierno es sabedor de que a causa de alguna malfunción, solucionable, en España hay más avispas que camas en las UCI.

Aun así nosotros llevábamos ventaja porque nuestra Sanidad Pública está entre las más eficientes del mundo. Hemos pues de suponer que tiene localizados a la totalidad de esos ciudadanos vulnerables, que como es lógico hacen uso de sus servicios con mayor frecuencia que el resto.

Quien suscribe no hizo la FP de ministro, razón por la cual llegado este momento se tiene que callar, pero eso no quita para que me pregunte por qué, dado que estábamos en sobreaviso, esa población de riesgo no fue tutelada desde el minuto cero, previendo para ellos una personalizada protección, facilitándoles las pruebas, la medicación, los papeleos, los cuidados, los controles, la compra semanal y hasta el periódico.

Las autoridades, tanto las de mi aldea como las del reino, las del imperio y las planetarias, podrían llevar ya semanas centradas en esos ciudadanos con peores papeletas. No puedo evitar pensar —perdón por ello— que los descomunales medios empleados en mantener el estado de sitio hubiesen dado mejores resultados así enfocados. A mi madre le encantaría tener en la puerta a un sargento de la UME. Le sacaría bizcocho casero.

Los medios de comunicación, por su parte, han tratado la noticia de la llegada del virus como si fuese la de un meteorito a punto de impactar en Valdespartera.

Nos han informado, es cierto, pero predisponiéndonos a una muerte segura, como cuando siendo niños nos avisaban respecto a meter los dedos en los enchufes. La foto de un féretro en un pasillo impresiona, y si en lugar de uno son cinco impresiona mucho más. Si la misma imagen se emite cinco veces y acompañada por cinco textos diferentes impresionará veinticinco veces a pesar de ser la misma.

Tampoco soy digno del carné de periodista, pero igual me atreveré a opinar que si tanto interés tenían las grandes cadenas en educarnos podrían haberlo hecho mediante decenas de espacios llevados exclusivamente por científicos y no por sus “opinadores” de plantilla. Un coloquio entre catedráticos, premios nobel y directores de laboratorio hubiesen sido jodidamente aburrido, pero sus conclusiones más fiables que las vertidas por los eruditos de «Salvame banana».

Personalmente me hubiese gustado que Pedro Piqueras en cuenta de abrir el telediario con música de miedo y cifras espantosas lo hiciese contándonos en qué punto están los investigadores que buscan la vacuna. No me parece que la línea editorial del «estamos cayendo como moscas» responda a las necesidades de la crisis. Y tampoco creo que sea imprescindible “colmar” el informativo de coronavirus metiéndole a presión escenas policiales, anécdotas y frikadas.

Los reporteros podrían hablar más despacio, o tomar Orfidal. No hace falta enfatizarlo todo. Son periodistas (creo) y no personajes del Rey Lear. Vale con que se pongan cursis y saquen varias veces a la niña autista de Fuenlabrada que toca “resistiré” con el ukelele, eso aún podemos soportarlo durante un par de semanas, pero los aires de institutriz prusiana de Mamen Mendizábal comienzan a hastiar.

Por cierto, los cuadros con las cifras de fallecidos se nos quedan grabados enseguida. No es necesario repetirlos catorce veces en cada informativo.

En otro orden de cosas, dado que los mayores no dominan Netlix, navegan “malamente” por Youtube y no siguen a demasiados influencers, y en vista de que hasta que escampe no les va a quedar otro remedio que prescindir del paseo y la partidica de guiñote, sería un detalle precioso por parte de las cadenas rediseñar su programación y emitir otra más acorde. Positiva, sobre todo.

A mi padre le gusta mucho Paloma San Basilio.

Ahí lo dejo.