Historia de Europa con final inventado. (1945-2022)

Historia de Europa con final inventado
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Seré sincero; en mi opinión Hitler no fue una buena persona. Lamento si expresándolo de forma tan directa molesto a sus familiares y amigos, y tendrá razón, no lo niego, quien diga que si me muestro tan severo es  porque  jamás tuve vínculos afectivos con él, pero veo lógico, comprensible, el que al enterarse de que se había pegado un tiro en la cabeza, sus contemporáneos afirmasen que comenzaba una nueva y mejor etapa de la Historia.

Uno de esos contemporáneos era Stalin, ente supremo de la Unión Soviética, donde la ciudadanía carecía del derecho a la propiedad privada, del que sí disfrutaban los españoles, a los que su gobierno no ponía trabas para que adquiriesen su par de alpargatas. Además, en la URSS ni se celebraban elecciones ni existía libertad de prensa. En España tampoco, pero no nos dispersemos.

En 1949 y ante la posibilidad de sufrir una agresión por parte del bloque comunista, una docena de países bañados por el Atlántico Norte se aliaron formando la NATO, una estructura militar en la que los estados aunarían esfuerzos para impedir ser invadidos por Rusia.

Por su parte en 1955, una vez que a Stalin le dio su jamacuco, la Unión Soviética se reunió en Varsovia con media docena de sus afines y limítrofes para firmar un tratado de “Amistad, Colaboración y Asistencia”. La eficacia del “Pacto de Varsovia” quedó patente en la visita que al año siguiente sus tropas hicieron a Hungría para disuadir a los disconformes.

Al otro lado del Globo, habiendo comprobado los Estados Unidos lo provechosas que les eran las guerras lejos de casa, abundando en esa práctica repartieron numerosas bases militares por su amiga Europa, muy poco experimentada en conflictos bélicos y por ende agradecida ante el asesoramiento norteamericano. Adiestrar a sus torpes aliados  era la única opción de los EEUU a la vista de aquellos pepinacos de cohetes tumbados sobre un camión y rotulados como CCCP que desfilaban por la plaza Roja de Moscú ante un hilera de capitostes del Kremlin que con un gorro de piel encasquetado hasta las cejas amagaban apretar un botoncito con el que podían hacer desaparecer en cinco segundos ciudades del tamaño de Calatayud o Ejea, aunque ésta segunda, por supuesto, les llevaría un poco más de tiempo. Cierto es que botones semejantes podían apretarlos Nixon, Ford, Carter o Reagan, pero no obviemos que los soviéticos, por si todo lo anterior no fuese suficiente, eran ateos. De ahí que en 1978 el Espíritu Santo considerase inaplazable inspirar al Cónclave para que eligiese un Papa polaco, anticomunista de pro y futuro santo.

Volviendo a la NATO, el agravio cometido en su día no contando sus fundadores con España fue remediado en 1982 gracias a las gestiones del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo. De mil amores fuimos aceptados en la Alianza, aunque con la férrea oposición del PSOE de Felipe González, quien llegado a la presidencia rectificó y dijo que sí, que era mejor que siguiésemos dentro, pero que mucho ojo, que aquí la llamaríamos OTAN, se pusiesen como se pusiesen. Por otro lado, puesto que  en lo de la militaría ya éramos iguales, las bases americanas de España dejarían de ser “bases americanas” para ser “bases de utilización conjunta”, aunque puestas a disposición de los EEUU para que hiciesen uso de ellas si les fuese menester. Siempre y cuando —esto se les dejó muy claro— antes avisasen al Gobierno Español. Con una llamadica, aunque fuese, que no cuesta nada.

Mientras todo esto sucedía, a la URSS la Historia le ponía las cosas cuesta arriba. En 1986 el accidente de una central nuclear en Ucrania esparció radiactividad como garbanzos cuando estalla una olla exprés. Al poco, los obreros polacos repudiaron la hoz y el martillo valiéndose de ahí en adelante de crucifijos para reivindicar sus derechos, y no habían pasado dos años cuando un camión de reparto de cervezas se estampó contra el muro de Berlín echándolo abajo. En 1991 todas estas las circunstancias llevaron a
una facción de reticentes a intentar derrocar el presidente Gorvachov con un golpe militar, que Boris Yeltsin abortó. El Ejército Rojo apoyó a su presidente y como consecuencia el Partido Comunista de la Unión Soviética fue ilegalizado.

¿Cómo dice?

¿… …?

Le pregunto qué es lo último que ha dicho

¿Pero quién coño es usted?

Nadie, uno que estaba leyendo. Me ha parecido entender que ha dicho que fue ilegalizado el Partido Comunista de la Unión Soviética. Y no lo entiendo.

¿Qué es lo que no entiende?

¿Cómo pudieron convertir en ilegal el eje fundacional de la mismísima URSS?

Yo tampoco lo sé, pero el PCUS, según se decía la organización con el aparato más cabronazo del Planeta y provista de la peor policía política, abandonó el poder sin propiciar una guerra civil ni otros berrinches. Si en el Vaticano se dejase fuera de la ley al Colegio Cardenalicio colgarían nuncios destripados de las  almenas del  Passetto. La URSS por el contrario se derrumbó sin hacer uso de sus mikoyanes ni echar mano de los cientos de miles de soldados con botas altas. Siquiera de sus bellas soldadas rubias con rodetes y moñas rojas que podían cantar “Kalinka” hasta desesperarte.La Unión Soviética se deshizo como un polvorón de la Estepa (chiste) y dejó de apuntar con sus misiles balísticos a los puntos clave de nuestra civilización; la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, la de Begoña, la de Covadonga y la de la Esperanza Macarena. Sin más contratiempos que tener que levantar todas las estatuas de Lenin con una grúa y llevarlas a un descampado. La disolución satisfizo a los países de Occidente, que no pusieron objeciones a que los mismos capitostes que hasta la semana anterior estaban forrando a hostias a los disidentes compusiesen el gobierno de nueva la Federación, la cual tuvo entre sus prioridades correr a desenterrar a la familia Imperial para hacerla santa. Pero siquiera los rezos a los Romanov evitaron el que entre 1990 y 1991 quince de las antiguas repúblicas, Ucrania entre ellas, se independizasen del antiguo bloque para convertirse en impecables sociedades más demócratas y liberales que una familia de suecos en pelotas fumando porros.

Como es obvio, ello supuso la desaparición del Pacto de Varsovia tras décadas en las que por culpa de su amenaza Europa se había visto forzada a gastar en armas y ejércitos millones de libras, marcos, francos, liras y pesetas. La OTAN no tenía ya razón de ser. Neutralizado el peligro soviético cada país componente podría retomar la práctica de gestionar su propia defensa en función de sus particulares amenazas. En lo que respecta a España, y si obviamos a Mohamed VI, la única podía provenir del copríncipe de Andorra, y dado que la Península seguía en el mismo punto en el que la había depositado la deriva continental, un tanque ruso que pretendiese ocupar Segovia debería recorrer 4000 kilómetros atravesando una decena de países.

Pero la OTAN no desapareció. Al contrario, Rusia, anémica y sola, en bragas en medio de la nieve, padecía una depresión anakareniniana, bajón que la Alianza Atlántica aprovechó para expandirse por las antiguas repúblicas socialistas, incumpliendo (entre otras cosas)  lo pactado entre las dos alemanias y la URSS en vísperas de la reunificación.

Por cierto, el Papa polaco murió en 2005 sin haber pisado Rusia.

Así las cosas, a punto de finiquitar el XX accedió al cargo de primer ministro ruso un individuo sospechoso con poco pelo y menos escrúpulos que al año llegaría a presidente y se agarraría al poder como un gato a las cortinas del Hermitage. Putin envenenó opositores, ocupó Crimea, puteó a los homosexuales y desterró a Siberia a las Pussy Riot sin que Europa mostrase un excesivo quebranto. Bendecido por patriarcas ortodoxos con Rolex de oro el viejo imperio respondió a los tratamientos vitamínicos y las chicas moscovitas dejaron de parecerse a aquellas muñecas Nancy de la tómbola para convertirse en Barbies Gold Label. Inditex tuvo algo que ver en ello. 

En esa coyuntura llegamos a marzo de 2022

Enterado Putin de que su hermana Ucrania y los EEUU estaban coqueteando como Sandy y Danny Suko, en evitación de una posible cópula ordenó a sus ejércitos sobrepasar la frontera al grito de “antes te mato
que verte con un payo”.

A los más de entre nosotros nos enseñaron a que cuando dos se estén peleando intentemos separarlos, mas lejos de hacer eso la UE tomó partido y ayudó al más bajito, presuponiéndole, por ser bajito, mayor bondad. No sólo le dotó de armas sino que los gobiernos de la Unión se emspestiñaron en llevar a Rusia a la  ruina. De nuevo se dejaron aconsejar por los EEUU, y aunque la ruptura con Rusia abocaba a millones de centroeuropeos a tener  que  ducharse con agua fría por el resto de sus vidas, el amable abuelo americano entonces presidente envió a los puertos del Atlántico miles de buques cisterna llenos de gas licuado. Los butaneros llevaban toda la vida rompiéndose la espalda cuando podrían haber repartido en tetrabrik. Las travesías, por cierto, se realizaron emulando a los vikingos, a vela y remo para no contaminar.

La situación de Europa, rayana a la irracionalidad, llevó a finales de abril de 2022 a que las  mentes más destacadas de la cultura occidental creasen crear una plataforma internacional nutrida con filósofos, músicos, artistas, científicos, escritores, actores, deportistas y periodistas. Teniendo por objetivo contrarrestar los fatales designios de Moscú, Washington y Bruselas, a lo largo de aquellos días varios premios nobel fueron detenidos por realizar escraches ante las principales sedes del poder político. A nivel de medios, en España destacaron por su compromiso Antena 3, La Sexta, El País, El Mundo, Público y la casi totalidad de los periodistas asociados a RTVE. Todos los programas de máxima audiencia; Griso, Motos, Mendizábal, Sálvame, Corazón, y hasta Pasapalabra y Cuarto Milenio, incluyeron en sus contenidos alegatos en favor de la paz y en contra del gasto militar.Hasta que en los primeros días del siguiente mes y como consecuencia de todo ello, una veintena de jefes de gobierno europeos se reunieron en Kiev. Por su parte Rusia, tras suspender de forma inmediata los ataques acudió igualmente a la conferencia. Incluso el Papa Francisco fue invitado a participar.

Al cabo de sólo dos jornadas de conversaciones fue firmado el definitivo acuerdo de paz. El desencuentro le había costado la vida, la casa y las infraestructuras a miles de ucranianos. Y al resto de los europeos un empacho de manipulación y maniqueísmo, viniendo a ser la guerra de Ucrania un punto de inflexión para aquellas sociedades en las que habían nacido la escritura, la democracia, los parlamentos, los derechos humanos, el pensamiento crítico, la Cruz Roja, Darwin, las repúblicas, las pinacotecas, el feminismo, la máquina de vapor, el modernismo, la minifalda, los rayos X, los Rolling, el barroco, el teatro clásico, el cubismo, el fútbol y el sexo oral.

Los millones de ciudadanos y ciudadanas de todo el continente se convencieron al fin de que Flavio Vegecio fue un imbécil. Su máxima, Si vis pacem, para bellum, fue declarada la mayor incongruencia jamás dicha y escrita por la humanidad.

La Alianza Atlántica quedó disuelta el día 9 de mayo de 2022. Desde entonces las cantidades antes invertidas en armamentos han servido a los estados para mejorar la Educación Primaria y garantizar la
gratuidad de la superior, para crear una inmensa red de amplias y bien atendidas residencias para mayores, para el fomento de la investigación, el cuidado de las artes y el desarrollo de unos sistemas de sanidad estatales capaces de asumir cualquier pandemia.   

Casualmente, el 14 del mismo mes España ganó el Festival de Eurovisión, decidiéndose que la canción de Chanel sustituyese como himno de Europa a la 9ª Sinfonía, pues durante la contienda los descendientes de Beethoven habían demandado a la UE por utilizar la música de su antepasado de forma indigna.

En julio de 2023 el presidente del Gobierno Español, Pedro Sánchez, asumió su turno en la presidencia de la Unión Europea, la primera tras el abandono definitivo del belicismo. Un acto realmente emocionante que quedó grabado en la memoria de varias generaciones. Los medios de todo el mundo recogieron a Úrsula von der Leyen cantando.

«Yo vuelvo loquito’ a todos los daddies apenas hago doom, doom con mi boom, boom»

FI N

PROFILAXIS

profilaxis

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Auto-prólogo.—

Negar que existe un virus que antes no existía —se supone— y que ocasiona a la salud daños mayores que  los comúnmente padecidos, es de idiotas.

Pero también lo es llamar “negacionista” a cualquiera que ponga una mínima objeción a lo oficialmente asumido, a las medidas tomadas y a la absurda tendencia a concentrar todos los males de la humanidad en él y en la remota posibilidad de contraerlo y morir.

Dedico pues el escrito que prosigue a todos aquellos expertos, directores, responsables, jefes y tertuliano-periodistas que desde preciosos despachos y platós, inscritos en corporaciones de carácter estatal o privado y percibiendo cantidades muy superiores a las que percibe el ciudadano medio, amparados en una “esencialidad” que les garantiza el que en ningún caso verán limitados sus movimientos, piden ahora mi confinamiento domiciliario.

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PR O F I L A X I S.—

Todos los vecinos del rellano (o quienes sean esos entes con los que a veces coincido) pulsamos el mismo botón para llamar al ascensor. Y una vez en la cabina, el mismo también para bajar. El Sr Schindler fue muy bueno con los judíos pero torpe fabricando ascensores.

Si me dirijo al parquin sucede algo similar. En ese caso habré de traspasar una puerta cortafuegos cuya apertura requiere el auxilio de un levantador de piedra de Arreguimendi. Y dado que el cierre centralizado de mi coche falla como un delantero zaragocista, es habitual que termine abriendo el vehículo girando la llave.

Sin dejar de hablar del coche, ayer estacioné en una calle bastante transitada. Se apoyó en él un empleado de FOCSA, el repartidor de AMBAR y la vigilanta que me multó por los dos minutos de exceso. A los que debo añadir a una treintena de alumnos del IES Álvaro de Marichalar, destacando entre ellos el Iván y la Rebe, quienes a la vista de las marcas dejadas en el capó debieron de copular frenéticamente sobre él sobre de tres a cuatro veces.

Es cabal el que yo asuma, por ser éste de mi propiedad, los niveles de contaminación del vehículo. Ahora bien, sin ser mía la maquineta del parquímetro a diario me llevo medio kilo de los microorganismos a ella pegados al manipularla para introducir las monedas, que suelen ser las que me devuelve la panadera que me vende la palmera de coco. Desconozco quién con anterioridad le ha rallado el coco a la mujer.

Ya en la oficina el protocolo exige que firme en una lista con el bolígrafo que el empleado de seguridad  mantiene atado de un cordel. Lleva publicidad del club de carretera “Agatha Vicious” y está mordido, ignoro en qué circunstancias.

Tras otro ascensor y un par más de botones y puertas, llego al fin a mi espacio de trabajo. Mi primera actividad consiste en localizar una silla, ya que en el contrato de la limpiadora figura la obligación de llevarse la mía cada noche al extremo opuesto del edificio. Obtenido ya un asiento —sólo hay una posibilidad entre veinte de que sea el de Ledesma, recientemente de baja por sífilis—, si dispongo de unos minutos puedo tomar un café de la máquina. Su mantenimiento lo realiza semanalmente señor con patillas, uñas largas y mostacho que siempre viste un chándal de la Legión y botas camperas con la punta de hierro. Es él quien posibilita el que la máquina erogue un extracto oloroso y de color marrón, surtiéndonos además de azúcar, chocolate y vasitos. En cierta ocasión le pregunté por el proveedor de dichos productos, y no quedaba lejos, en cierta región de Turquía. También acostumbro a extraer de la máquina un botellín de agua “Vall de les Espardenyes”, manantial ubicado en la provincia de Gerona cuya planta embotelladora por razones de logística se halla próxima a Cuzco.

Respecto a mi trabajo, consiste en manipular cientos de folios, cartulinas, cartoncitos y carnés de procedencia diversa que en algún momento del pasado siglo pertenecieron a personas vivas y es frecuente que posean improntas de líquidos y geles; sangre, bebidas espirituosas, leche materna y otros flujos, así como trazas de las diversas cocinas autóctonas.

Puesto que en algún caso este material antes de ser procesado exige un duplicado, al menos un par de veces al día la multicopista se queda sin papel. Entonces se ha de dirigir uno al almacén, que se halla al extremo de un pasillo decorado con posters de la basílica de Covadonga. La llave del almacén acostumbramos a dejarla bajo el poto de Angelines (se trata de una planta). Una vez en su interior (en el del almacén) alcanzar el stock de folios implica apartar cajas contenedoras de artículos variados otrora trabajados por la empresa; bustos de yeso de …., catálogos de lencería de la firma “Dña Carmen Polo” o discos regalo de una marca de pacharán con jotas navarras interpretadas por la Royal Philharmonic.

Previendo el que te toque abrir un envío nuevo de papel dejamos a mano un cúter del que se podrían obtener muestras de sangre de toda la plantilla, no sólo de la actual sino de la correspondiente al año 1971,  cuando la empresa inició su actividad. Dado que el pedido en su día fue envuelto en plásticos por un eficiente operario de la planta de celulosa de Pongliang, en la región de Zansú, es frecuente que procedentes de las orillas del Yang Tsé entre el embalaje aparezcan larvas y huevos de reptiles jamás vistos en Europa. 

Otro detalle desagradable, una vez cerrado el almacén, es tener que sujetar la oxidada llavecita con la  boca al regresar cargados con los folios. Sé de un par de compañeras voluptuosas que se meten la llave en el escote. Lo malo es que se les olvida y cuando van a hacer pis se les cae dentro del inodoro.

Hablando de ese tema, los escáneres de los que nos valemos han de ser reconfigurados continuamente, no pudiéndose evitar el que en el teclado digital aparezca una ligera capa de grasa humana que Ramírez Puig, un compañero amabilísimo, limpia con saliva. De no hallarse él presente (por desgracia posee una salud muy delicada) nos valemos de un trocito de papel higiénico. 

Jacinto es el encargado de que no falten los rollos en los dispensadores del lavabo. El papel higiénico que gastamos es de una popular marca bielorrusa que exporta excedentes de la época soviética. En el logotipo sale Yuri Gagarin defecando en órbita. Jacinto es el responsable de todas las cosas que giran; los pomos de las puertas, las llaves, el microondas, el reloj de pared, los lectores de CD, y desde que hizo un cursillo on-line, también del desfibrilador, aunque no lo entiende bien porque no gira.

Quede claro que no pretendo con esta descripción dejar en mal lugar a la organización para la que  trabajo. A la que no considero una excepción. Sé que habrá quien sugiera que esta serie de pequeños riesgos para la salud se neutralizarían si cada uno de los objetos que cito fuese desinfectado tras su uso. Sin embargo el desfase en tiempos que ello implicaría sería inasumible por la empresa. Y es aquí cuando es preciso recordar a los pijos, tanto a los de derechas como a los de izquierdas, que la dinámica de la mayoría de las pequeñas empresas españolas difiere mucho de las de otras un poco mayores, como lo son la ONU, la NASA, el Excelentísimo Ayuntamiento o el Ministerio de Justicia.

En referencia a aquellos compañeros que recurren a diario al transporte público, obvio enumerar la lista de inevitables contactos físicos inherentes a su uso. Los buses urbanos no poseen la capacidad del Costa Concordia y es irremediable el que los pasajeros no sólo se toquen sino que se froten o casi se fagociten. 

Como método rápido de desinfección la práctica del nudismo ayudaría. Pero no nos apresuremos a apostar  por tal sistema movidos por su aparente atractivo. Éste se reduciría a un escaso 10% de la población activa y jamás compensaría el trauma provocado por la contemplación del 90% restante.

nada que no haya pasado antes.

Episodio de la Fiebre Amarilla en Buenos Aires. Juan Manuel Blanes. 1871.

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«Nihil sub sole novum. Si de quadam re dicitur: “Ecce hoc novum est”, iam enim praecessit in saeculis, quae fuerunt ante nos» (Eclesiastés 1:9. Nova Vulgata)

«…No hay nada nuevo bajo el sol. Si algún listo te dice: «¡Mira có, que esto no lo conoces!» , tú respóndele «¡Eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron, gilipollas!«» (traducción libre)

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Será porque desde su primera comunión jamás habían vuelto a vivir nada intenso, que algunos parecen satisfechos ante esta experiencia histórica y jodida. Emiten grititos de horror alternados con espasmos de placer siguiendo las pautas sugeridas por la tele. Posiblemente sintiéndose protagonistas de «algo» por una vez, los más inofensivos se creen Will Smith, pero otros peores comparten en las redes sentencias que dejarían descolocado a Paulo Coelho, publican emoticonos llorando ante las noticias que hablan de ataúdes y auguran el fin de nuestro tiempo con una campanita, como el microondas.

Lo que nos sucede es grave —a la vista está— y tendrá terribles consecuencias, sobre todo para los peor posicionados en la “pole». La crisis del COVID 19 nos hará perder la vida a unos y la fe a todos los demás. No éramos buena gente, es cierto, pero nos merecíamos un poco más de margen.

Pero aun así, al menos de momento, la del coronavirus no es comparable con otras epidemias y dramas sufridos por quienes nos precedieron. A más de uno su bisabuela le daría dos cachetes —y su bisabuelo directamente dos hostias— por atreverse a comparar el “sufrimiento” de verse confinado, sin cañas y sin fútbol, con el cólera de 1856, la gripe del 1918, las muchas hambrunas del pasado siglo o nuestra mismísima Guerra Civil.

Pensando en ellos es que he descargado el jpeg más grande que he encontrado del cuadro de Juan Manuel Blanes, para pegarlo aquí.

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Los hechos:

Parte policial que el Comisario Lisandro Suarez, correspondiente a la Seccional 14 de la ciudad de Buenos Aires, entrega a su jefe Enrique O´Gorman:

«Marzo 17 de 1871. Al Sr. Jefe de Policía: A la una de la madrugada de hoy, el sereno de la manzana 72, Manuel Dominguez, notó que la puerta de la calle Balcarce número 384 estaba abierta. En cumplimiento de su deber llamó y visto que no se le contestaba entró y encontró a una mujer muerta, con una criatura de pecho mamándole. Entonces éste recogió al niño y pasó palabra al ayudante, Don Jose María Saenz Peña, quién remitió al niño a ese departamento. En la mañana de hoy, el que firma fue a la indicada casa y encontró el cadáver tirado en el suelo, encima de un colchon. Según los informes que he podido conseguir esta mujer fue traída ayer en un carro a la citada casa. Dicen que se llama Ana Bristiani, italiana y que tiene su marido enfermo en la Boca del Riachuelo, pero que no saben donde. La casa en que ha fallecido esta mujer se halla abandonada, por tanto, tan pronto como se saque el cadáver, cerraré la puerta hasta tanto se presente el marido de ésta, para ponerlo en posesión de algunas cosas que hay, si bien de poco valor»

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La fiebre amarilla:

En 1869 Buenos Aires contaba con 177.787 habitantes. A pesar del respeto a su trazado fundacional, en dámero, había crecido de forma improvisada con el incremento de habitantes de las últimas décadas del XIX, siendo casi 90.000 los recién llegados (45.000 italianos y 14.000 españoles). Entre otras deficiencias no existía un sistema de abastecimiento de aguas salvo una tubería destinada en principio al enfriamiento de las locomotoras. La mayoría de la población se servía de pozos, y dado que también se carecía de una red de cloacas, en la capa freática los desechos vertidos contaminaban las napas.

En enero de 1871, allá pleno verano, tres personas fallecieron con idénticos síntomas en dos manzanas próximas entre sí del barrio de San Telmo. El día 7 de abril, a la sazón Viernes Santo, fallecieron en la capital 380 personas. El Sábado de Gloria los muertos fueron 430. Dos días después se alcanzó el pico de 563. En un alarde de insensibilidad burguesa el presidente Juan Domingo Sarmiento, junto a un grupo selecto de políticos, miembros de familias acomodadas y otros diversos hijos de la gran puta, abandonaron la ciudad en un tren preparado especialmente para ellos.

Al margen de las viviendas unifamiliares del centro y de las infraviviendas de los suburbios, gran parte de la población habitaba en conventillos, edificios con habitaciones abiertas a un patio común. Conforme el número de inmigrantes crecía las habitaciones se subdividían y realquilaban una y otra vez. Ni qué decir tiene que con escasas medidas higiénicas.

Deduciendo que los conventillos eran los principales focos de contagio las autoridades sanitarias se dispusieron a desalojarlos. Obviamente por la fuerza, en vista de que sus habitantes se mostraban reticentes a salir, conocedores de que lo único que poseían, ropas y enseres, serían quemados de inmediato. Sin embargo esos mismos responsables médicos eran conscientes de que las muertes también se producían en otros sectores de la ciudad, en especial en los arrabales próximos a la desembocadura del arroyo Riachuelo (La Boca), responsabilizando en este caso a sus aguas por estar muy contaminadas.

Y es que si bien las principales razones del contagio estaban en las malas condiciones habitacionales y en la ausencia de infraestructuras sanitarias, no fueron las aguas y la suciedad las que originaron la epidemia.

Diez años más tarde el cubano Finlay y Barrés descubrió que el agente de la «fiebre amarilla» era un mosquito, el «aedes aegypti», una especie originaria de África que por entonces había colonizado algunas zonas de Brasil. Los barcos que traían pasajeros y mercancías de Europa solían recalar en Río de Janeiro antes de llegar al puerto de Buenos Aires.

A día de hoy la OMS asegura que el cabrón del «aedes aegypti» sigue matando a 25.000 personas cada año. Pocas de ellas son blancas, rubias y poseen Master Card, razón por la cual la mayoría de nosotros desconocemos el dato.

……………

El cuadro:

El artista Juan Manuel Blanes, uruguayo residente entonces en Argentina, recrea esta escena tomándose alguna licencia, como situar en ella a dos de los prohombres urbanos más implicados en la tragedia; el abogado Roque Pérez, quitándose el sombrero, y el doctor Manuel Argerich, con él en la mano. Ambos contagiados y fallecidos en los días posteriores al suceso relatado.

Tras descartar un boceto bastante más indigerible Blanes prefirió omitir el detalle del niño mamando de la madre muerta, a la que a pesar de la enfermedad reprodujo joven y bella. Emociona ver la taza y la cuchara junto al cuerpo, indicando que la mujer se había desplomado mientras ofrecía algún remedio a su marido, si bien es cierto que el cuerpo de éste, que en el cuadro yace sobre una cama entre las sombras, es otra de las licencias del autor, ya que en realidad nunca fue encontrado. Los ojos clarísimos del chaval, que en la narración pictórica parece ser quien halló el cadáver, son un indicativo de la pluralidad racial de la ciudad emergente.

El lienzo estuvo exhibido en el teatro Colón de Buenos Aires a finales de ese mismo año. No teniendo acceso a su exposición mas que una selecta nómina de bonaerenses. Desconozco la razón por la que cuando Juan Manuel Blanes regresó al Uruguay lo hizo llevándose su cuadro, que hoy pertenece a la colección del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, a pesar de haber existido alguna reclamación desde Argentina.

fachavirus que atacan a la Humanidad.

Coronafacha

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Si los visigodos no la hubiesen quemado conservaría mi biblioteca y podría buscar al filósofo que dijo que el fascismo ya era una tendencia latente en la masa desde las cavernas, mucho antes del tragaldabas de Mussolini

La cita tal vez sea una gilipollez (me la acabo de inventar, así que ha de serlo), no obstante sería agradable pensar que la maldad acostumbra a residir en un selecto grupo de canallas porque ello nos dejaría al resto de la humanidad fuera de sospecha. Si de vez en cuando nos comportamos como unos fachas de mierda es debido a las circunstancias, pero como género somos en esencia majos.

Lo que sucede es que cuando sentimos miedo nuestra capacidad de racionalizar —esa lograda con el esfuerzo de milenios— deja de ser vital y pasa a ser un gadget. Con el susto en el cuerpo necesitamos de un poder divino o humano que nos proporcione un dogma. Pero que a poder ser sea un dogma “cortito”, de pocas páginas y con muchas estampas, que no nos obligue a dedicarle tiempo a su estudio y comprensión. Con que nos marque las pautas basta y sobra. De ahí en adelante, dependiendo de la intensidad del cangüelo, las segundas opiniones llegarán a ser calificadas como peligrosas y Descartes se convertirá en un subversivo.

No hay mas que ver las pelis de catástrofes. En ellas sólo hay un líder. El resto se salva haciendo todo lo que él dice. Si les persigue un tiranosaurio él grita “¡corred!”, y los otros corren. Si les atacan con rayos los alienígenas ordena “¡Poneos a cubierto!” y todos le obedecen. Menos un cabrón —que suele ser calvo y feo— que le lleva la contraria y pagará con la vida la desfachatez de tener un criterio propio. No sólo eso, es muy posible que en lo que queda de peli su señora le ponga los cuernos con el héroe.

Lo jodido es cuando las pautas marcadas por ese líder suponen una pérdida en tu calidad de vida. Llegado ese punto tal vez dudes, pero si eres un correcto cobarde dudarás en silencio a la espera de que alguien dude en voz alta. Entonces el fascismo acudirá en tu rescate y la duda que te atormentaba se disipará cuando seas testigo de cómo la población cuelga de un pino al disidente que tuvo la osadía de preguntar eso mismo que tú te estabas preguntando.

Por norma general —entiéndase bien este concepto— el COVID 19 parece ser muy o bastante letal para aquella parte de la población que padece dificultades respiratorias, sean debidas a la avanzada edad o a patologías particulares.

Por norma general —entiéndase bien este concepto— en el resto de la población el COVID 19 parece ser que provoca síntomas similares a una gripe de caballo que remite tras unas semanas muy incómodas y desagradables.

Es como una avispa, que si me pica a mí me duele mogollón pero si pica a un alérgico puede dejarlo en coma.

El Gobierno es sabedor de que a causa de alguna malfunción, solucionable, en España hay más avispas que camas en las UCI.

Aun así nosotros llevábamos ventaja porque nuestra Sanidad Pública está entre las más eficientes del mundo. Hemos pues de suponer que tiene localizados a la totalidad de esos ciudadanos vulnerables, que como es lógico hacen uso de sus servicios con mayor frecuencia que el resto.

Quien suscribe no hizo la FP de ministro, razón por la cual llegado este momento se tiene que callar, pero eso no quita para que me pregunte por qué, dado que estábamos en sobreaviso, esa población de riesgo no fue tutelada desde el minuto cero, previendo para ellos una personalizada protección, facilitándoles las pruebas, la medicación, los papeleos, los cuidados, los controles, la compra semanal y hasta el periódico.

Las autoridades, tanto las de mi aldea como las del reino, las del imperio y las planetarias, podrían llevar ya semanas centradas en esos ciudadanos con peores papeletas. No puedo evitar pensar —perdón por ello— que los descomunales medios empleados en mantener el estado de sitio hubiesen dado mejores resultados así enfocados. A mi madre le encantaría tener en la puerta a un sargento de la UME. Le sacaría bizcocho casero.

Los medios de comunicación, por su parte, han tratado la noticia de la llegada del virus como si fuese la de un meteorito a punto de impactar en Valdespartera.

Nos han informado, es cierto, pero predisponiéndonos a una muerte segura, como cuando siendo niños nos avisaban respecto a meter los dedos en los enchufes. La foto de un féretro en un pasillo impresiona, y si en lugar de uno son cinco impresiona mucho más. Si la misma imagen se emite cinco veces y acompañada por cinco textos diferentes impresionará veinticinco veces a pesar de ser la misma.

Tampoco soy digno del carné de periodista, pero igual me atreveré a opinar que si tanto interés tenían las grandes cadenas en educarnos podrían haberlo hecho mediante decenas de espacios llevados exclusivamente por científicos y no por sus “opinadores” de plantilla. Un coloquio entre catedráticos, premios nobel y directores de laboratorio hubiesen sido jodidamente aburrido, pero sus conclusiones más fiables que las vertidas por los eruditos de «Salvame banana».

Personalmente me hubiese gustado que Pedro Piqueras en cuenta de abrir el telediario con música de miedo y cifras espantosas lo hiciese contándonos en qué punto están los investigadores que buscan la vacuna. No me parece que la línea editorial del «estamos cayendo como moscas» responda a las necesidades de la crisis. Y tampoco creo que sea imprescindible “colmar” el informativo de coronavirus metiéndole a presión escenas policiales, anécdotas y frikadas.

Los reporteros podrían hablar más despacio, o tomar Orfidal. No hace falta enfatizarlo todo. Son periodistas (creo) y no personajes del Rey Lear. Vale con que se pongan cursis y saquen varias veces a la niña autista de Fuenlabrada que toca “resistiré” con el ukelele, eso aún podemos soportarlo durante un par de semanas, pero los aires de institutriz prusiana de Mamen Mendizábal comienzan a hastiar.

Por cierto, los cuadros con las cifras de fallecidos se nos quedan grabados enseguida. No es necesario repetirlos catorce veces en cada informativo.

En otro orden de cosas, dado que los mayores no dominan Netlix, navegan “malamente” por Youtube y no siguen a demasiados influencers, y en vista de que hasta que escampe no les va a quedar otro remedio que prescindir del paseo y la partidica de guiñote, sería un detalle precioso por parte de las cadenas rediseñar su programación y emitir otra más acorde. Positiva, sobre todo.

A mi padre le gusta mucho Paloma San Basilio.

Ahí lo dejo.

Los contrarios a las ayudas sociales y los riesgos de la deriva continental.

pijos groenlandia

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A mi vecino del 5º, el de la camisa de Ralph Lauren, los 15 segundos que tarda el ascensor le bastan para recordarme que todo lo que tiene procede únicamente de su trabajo como comercial de escobillas de WC.

Me asegura que nunca percibió ningún tipo de subsidio y jura por el cenicero de su Lexus que a él jamás nadie le facilitó nada, que esa es la razón por la que le molesta que a otros sí se lo faciliten. Argumenta que si llegada una inundación se proporcionase a todo dios chalecos salvavidas, aparte de ser ruinoso para el Estado iría contra la selección natural.

Como él hay bastantes a quienes cualquier propuesta de igualar la sociedad les sienta como un plato de espaguetis por la noche. Para ellos la prosperidad llega sólo si cada cual se queda en su sitio; los jodidos, jodidos.

No soy quién para dudar del arduo peregrinaje de mi vecino cayéndole goterones de sudor sobre los mocasines color burdeos. Y me sobra elegancia para no recordar al susodicho que vive en el mismo piso que vivieron sus padres, que toda nuestra urbanización es de VPO y que si lleva a sus hijos a ese colegio es merced a la educación concertada. Mucho menos habré de mentarle los cuatro meses de hospitalización y los cientos de miles de pesetas que costó a la sanidad pública aquél adelantamiento indebido que hizo con el Hyundai cupé, cuando fue preciso desempotrarle del camión de reparto de Panrico.

Pero aunque obviemos el enorme gasto que para la comunidad y para el MOPU supuso su piñazo, en lo que respecta al origen de su fortuna el susodicho omite una puntual coyuntura que le proporcionó viento de popa; el óbito de su abuela Sisenanda, un detallazo por parte de la anciana dado que acaeció justo cuando el mercado inmobiliario estaba en su mejor momento.

Cualquiera medianamente rodado sabe que de todo hay en esta inconmensurable botica. Que sin llegar al extremo de ser un Álvarez de Toledo ciertos conciudadanos viven en montes en los que el orégano, aunque no ocupe el 100%, abunda muchísimo.

España se ha convertido en un gran país de propietarios. Debido a defunciones, herencias y escaleras de color muchos compatriotas terminan siendo dueños de segundas, terceras y hasta cuartas viviendas y son castigados por el estrés que supone rentabilizarlas. Algo espantoso. En el caso del piso de la pobre Sisenanda hubo suerte. Fue alquilado a una familia ecuatoriana por 500€ al mes, sin declarar a Hacienda ni invertir en él ni un duro. Y eso que la difunta aún conservaba la cocina de cuando se casó en 1940. Sus otros bienes; la casa de Leciñena, los frutales, el huerto y la balsa se convirtieron en cifras que los deudos aceptaron haciendo un enorme sacrificio y por respeto a la finada.

Algo similar sucedió tras la dolorosa pérdida del tío Ceferino, hijo solterón de la anterior que al desaparecer su fuente de avituallamiento sucumbió sesenta días más tarde y quien además del piso de Zaragoza, con plaza de garaje, dejó en el pueblo la cosechadora, el tractor, cinco hanegadas de tierra y la mitad del casoplón familiar que le correspondía por la legítima, en cuya falsa encontraron un boceto de Pradilla y un baúl donde guardaba una colección de sellos de Ifni, un sable de la guerra de Cuba y un zapato firmado por Sara Montiel, lote por el que a sus herederos les dieron treinta mil euros extra. Que tampoco aparecen en declaración alguna.

La Fortuna se reparte de forma irregular. Como a ella le pasa por el chirri. Así que no, por favor —y me dirijo a cualquiera de los sobrinos de Ceferino el fetichista—, no nos cuenten que «lo que tienen lo han conseguido trabajando». Tal arenga puede serles útil si un hijo adolescente se niega a completar la ESO, pero no pretendan vendernos a los adultos esa Vespino a fin de maquillar su insolidaridad.

Que las moralejas del capitalismo son escopetas de feria lo constatan millones de ancianos honestos que tras haberse deslomado durante años sobreviven con lo mínimo. Por no hablar de los autónomos que se rompieron la espalda siendo “emprendedores” y aun así se jubilaron debiéndole al banco los riñones y el ojo izquierdo, porque el derecho se lo embargaron en la crisis del 2008.

Del lado opuesto tenemos a esos personajes que cayeron de pie, el día más oportuno del año en el empleo más cómodo y con el mejor sueldo. También a los recomendados. ¿Cómo se llamaba, cari, aquel que hizo la mili contigo y luego te enchufó? Muy majo él. Al final no hizo falta que se la chupase. ¿Que tú sí? Y seríamos injustos si olvidásemos a quienes hace décadas aprobaron una oposición y con el mucho driblar consiguieron situarse en el despacho con mejores vistas. Y sabe Dios, señora o señor funcionario, que no sugiero que no se lo ganase y continúe ganando. Lo que digo —y no me lo puede negar— es que desde que tomó posesión de su plaza, allá por en el siglo XX, ha visto hundirse los barcos de muchos paisanos sin que a usted se le humedeciesen los calcetines.

En la vida hay millones de circunstancias. Tan diferentes como las narices, por aludir a un órgano visible. Son las circunstancias las que colocan a cada persona sobre un determinado metro cuadrado, que puede ser de moqueta, de tarima o de terrazo, pero también de pedregullo y caer en medio de un descampado donde arrea el cierzo. Esa es la razón de ser de las ayudas sociales, sus organismos y los trabajadores que las gestionan, el cierzo.

Los triunfadores como mi vecino suelen pasar por alto el que el planeta sigue formándose y es inestable. No pueden descartar —y esto sí es ciencia— el que la plataforma continental al desplazarse les haga una putada y acaben en pelotas acampados sobre un glaciar de Groenlandia.

De cualquier manera, quien porfíe en ser un individualista de mierda que se quede con la perra gorda y no lea esto. ¿Qué ya lo ha leído? Lo siento. Debí de avisarle en la primera línea. Como si fuese un relato pornográfico.

Me refiero a quien está convencido/a de que él/ella es cojonudo/a, y que dado que ha trabajado más y mejor que el resto se merece lo que tiene y el triple. Si de eso se trata a los tres Lexus, a los tres apartamentos y a las tres fuera borda añado de mi cuenta un equipo de submarinista y un arpón  con el que joderle la vida a un pulpo, ahora que vista su actitud seguramente ya se la ha jodido a otros.

Que esa o ese papanatas continué pensando que el primo Javi se quedó en paro a los 50 porque es un inútil. Que insista en que una mujer apaleada debe regresar con su marido y arreglar las cosas, no pretender que los demás le paguemos el alquiler.

Que sin soltar la copa de Magno defienda su tesis de que lo lógico es que los inmigrantes, ya que todavía no han hecho nada por España, no reciban nada de ella hasta la tercera generación, apoyándose en que no van a sufrir porque en su país folgaban y parían en una chabola. Y allí no sólo llovía más sino que encima había cocodrilos.

Y cuando pueda, tatúeselo, de forma que los demás podamos reconocerle y ahorrarle los sermones. Póngase en letras grandes en la frente: “El que no tenga abuela, que se joda”.